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Blog Reflexiones

Hay una mirada que solemos olvidar: la que dirigimos hacia nosotros mismos

Por Manuela Uribe 20 Feb 2023

"Observar sin juzgar es la forma más elevada de inteligencia."
— Jiddu Krishnamurti

Hay una pregunta que me acompaña con frecuencia.

¿Hace cuánto no te detienes a observarte?

No me refiero a mirarte en un espejo, ni a pensar rápidamente cómo estuvo tu día. Me refiero a algo mucho más difícil: detenerte por un momento para observar la manera en que piensas, sientes, reaccionas y te relacionas con el mundo.

Vivimos en una época en la que conocemos pequeños fragmentos de la vida de muchas personas. Sabemos qué hacen, qué opinan, qué lograron o qué decisiones tomaron. Nunca habíamos tenido tanta información sobre los demás y, al mismo tiempo, tan pocos espacios para detenernos a comprender nuestra propia experiencia.

Sin darnos cuenta desarrollamos una enorme capacidad para mirar hacia afuera. Observamos, interpretamos, comparamos y, muchas veces, creemos comprender la vida del otro con apenas unos pocos fragmentos de su historia. Pero hay una pregunta que me interesa mucho más que esa: ¿qué pasa con la mirada que dejamos de dirigir hacia nosotros mismos?

Quizá el verdadero problema no sea que observemos demasiado a los demás. Quizá sea que nos observamos muy poco. Porque resulta más sencillo analizar las decisiones ajenas que detenernos a comprender las propias. Es más fácil preguntarnos por qué el otro vive de determinada manera que cuestionar de dónde nace la idea de que esa sería la forma correcta de vivir. Más cómodo interpretar las elecciones de los demás que revisar las creencias desde las que nosotros mismos construimos nuestra vida.

Y, sin embargo, es precisamente ahí donde empieza el autoconocimiento. No cuando encontramos todas las respuestas, sino cuando empezamos a hacer mejores preguntas.

¿Por qué esta decisión del otro me incomoda tanto? ¿Qué parte de mi historia hace que reaccione de esta manera? ¿Por qué necesito que los demás vivan de cierta forma para sentir que mi manera de vivir es la correcta?

Muchas veces creemos que estamos hablando del otro, cuando en realidad estamos hablando de nosotros. La forma en que interpretamos el mundo también habla de nuestra historia, de nuestras experiencias y de las creencias con las que hemos aprendido a mirar la vida. Lo que nos molesta, lo que admiramos, aquello que juzgamos o aquello que defendemos con tanta fuerza puede convertirse en una ventana para conocernos mejor, si estamos dispuestos a mirar con curiosidad en lugar de reaccionar automáticamente.

Me gusta pensar en la imagen de un balcón.

Cuando caminamos por una ciudad vemos apenas la calle que tenemos delante. Todo ocurre muy cerca y reaccionamos casi automáticamente a lo que pasa a nuestro alrededor. Pero cuando subimos a un balcón, la ciudad sigue siendo la misma; lo que cambia es la perspectiva desde la que la observamos. De repente aparecen caminos que antes no veíamos, conexiones que desde abajo pasaban desapercibidas y una comprensión más amplia de lo que está ocurriendo.

Creo que el autoconocimiento se parece mucho a ese balcón. Es la capacidad de tomar un poco de distancia de nosotros mismos para observar nuestras reacciones, nuestras emociones, nuestras creencias y nuestras formas de relacionarnos sin la necesidad inmediata de justificarlas o cambiarlas. Solo con la curiosidad suficiente para empezar a comprenderlas.

Y quizá esa sea una de las formas más profundas de responsabilidad. No porque observarnos nos haga personas perfectas, sino porque nos hace personas más conscientes. Cuando aprendemos a mirar nuestra experiencia con curiosidad en lugar de hacerlo únicamente desde el juicio, dejamos de vivir reaccionando automáticamente y empezamos a elegir con mayor libertad.

Cada vez estoy más convencida de que el autoconocimiento no consiste en encontrar respuestas definitivas sobre quiénes somos. Consiste en desarrollar la capacidad de observarnos una y otra vez, sabiendo que siempre habrá algo nuevo por descubrir. Porque la persona que somos hoy no es exactamente la misma que éramos hace unos años, y la mirada con la que volvemos a nosotros también puede transformarse.

Quizá, al final, conocernos no tenga tanto que ver con mirarnos más veces, sino con aprender a mirarnos mejor.

Para seguir moviéndonos

Hoy quiero dejarte una pregunta.

¿Qué descubrirías de ti si dedicaras la misma curiosidad con la que observas la vida de los demás a observar la tuya?

Quizá el autoconocimiento no empiece cuando encontramos todas las respuestas.

Quizá empiece el día en que aprendemos a mirarnos con más curiosidad que juicio.

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